"Los grandes corruptos nos dan clases de moralidad y honestidad, los conocí pobres y hoy son multimillonarios"

De profesión peluquero, Fabio Cuggini quiso ser piloto de avión cuando era chico, pero con el trabajo que supo aprender sobrevoló siempre las cabezas del poder y la popularidad. Como dice él, "acá en la peluquería nos enteramos de todo". Creció junto a su tío peluquero, Angelo Milano, por donde pasaban las máximas figuras de los años 70, hasta los jerarcas de la última dictadura. Y cuando se hizo grande y empuñó él mismo las tijeras, los fue conociendo uno a uno, a las estrellas y a los que se codeaban con el poder. A muchos sin saber quiénes eran, a otros porque lo requerían por su trabajo que ya era popular en el mundo del espectáculo.

De entrada, tira sus primero misiles, sin miedo y sin pausa. "Desde Alfonsín para acá, en democracia, nos cagaron todos". En casi 40 años de democracia, dice llegar "cansado y abatido", casi rendido de ver cómo los políticos se convierten en multimillonarios mientras han aumentado la pobreza para mantenerse en el poder, y "exigirle a los laburantes un esfuerzo por las cagadas que se mandan ellos".

Hoy con 55 años, Fabio Cuggini es un provocador en primera fila, un francotirador con una visión privilegiada. Nos convoca en su propia peluquería, ubicada en Lima y Avenida de Mayo, donde 24 hs antes un corte y acampe lo hizo estallar de furia en las redes sociales. Está cansado de ver de primera mano casi diariamente el resultado del clientelismo político. Es el lugar donde se concentran, acampan y cortan la 9 de Julio las agrupaciones piqueteras, las marchas sindicales y las organizaciones sociales. Y que le han provocado un perjuicio casi permanente por los cortes y el acceso de los clientes. Pero fundamentalmente  porque ve en ellos el resultado del desgobierno de casi todos los que han pasado por el poder. 

"Ninguno se quiere ir, a todos les gusta el sillón, les gusta el poder. El único que entre todos se destacó es Menem, porque nos dio por lo menos 11 años de estabilidad. Después vino De la Rua, que al lado de lo que tenemos hoy, era un filósofo. En 2001, cuando explotó todo, estuvimos al borde de una guerra civil, los políticos se cagaron todos, pero la gente se calmó porque como animalitos les tocaron la plata y desviaron la atención a los bancos". En 2021 coqueteó con Javier Milei y José Luis Espert, pero advierte: "Ninguno va a poder cambiar nada, como le dije también a Facundo Manes cuando se metió en política, van a tirar su prestigio a la mierda"

Vuelve a disparar: "Esto termina con sangre, pero estamos dormidos porque nadie quiera dar el primer paso". Y enseguida da su propia mirada de un proceso que define la "idiosincracia argentina" . "Cuando yo era chico miraba los helicópteros en Chapadmalal, en 1976, y decían se viene el golpe. Y un día me despierto y en el televisor en blanco y negro estaban Videla, Massera y Agosti, y mi mamá y las vecinas llorando diciendo 'Por fin se arregló todo' . A los militares los apoyó la sociedad y los sacó la sociedad. No los políticos. Yo creo en la  evolución, y después de los militares vino Alfonsín. Pero el balance que yo hago es que en democracia los políticos que nos gobernaron terminaron siendo tan ladrones, corruptos y asesinos por omisión, porque si el Estado no hace nada para evitar que te maten por inseguridad, son asesinos por omisión. Y hoy estos ladrones y corruptos nos terminan dando clases de moralidad y honestidad.  Estos ladrones, de izquierda, de derecha, te hacen cargo a vos, por las cagadas que se mandaron ellos."

En su peluquería atravesó momentos de amor, fortuna y gloria. Y también de los otros, especialmente antes, durante y después de la pandemia. Salió con los sillones de la peluquería a la vereda para reclamar que permitan la atención. Llegó a tener 22 empleados y hoy sólo cuenta con 4 colaboradores. Sufrió un principio de ACV y lucha por la regulación del trabajo del peluquero, aún no reglamentado como otras actividades, no sólo en la actividad específica sino desde la higiene y la salud. "Yo ya me estoy rindiendo. quiero poner a todos mis familiares en el Estado. Veo como el kirchnerismo hizo clientelismo, y aumentó la pobreza para mantenerse en el poder. Y veo a amigos que viven de la política y del Estado y se hicieron millonarios. Para que voy a apostar por la peluquería. Yo los conocí pobres y hoy muchos de ellos viven en Puerto Madero o son multimillonarios".

Tuvo que denunciar a su propio primo, Marcelo Cuggini, porque lo involucró con el nombre solamente en un hecho ilícito desde el Estado, en julio del año pasado. "Mi primo me cuenta que Alberto le dijo que se arme una fundación y que le tira un par de subsidios y lo vaya a ver a Moroni. Y mi primo lo hizo con su propio nombre, como diciendo 'hola, acá estoy robando'. El pez muere por su boca. Era tanto el escándalo que me terminé divirtiendo, hasta con el propio Alberto, que le dije, che, me parece que mi primo está hablando mucho. Y finalmente mi primo no habló más".

De sus críticas no se salva ni el Papa Francisco, aún siendo católico, pero siente que este Papa no lo representa: "Yo he criticado al Papa porque pudo haber hecho mucho para pacificar la Argentina. Mi familia en Italia dice Es el Papa, yo les digo ustedes conocen al Papa del mundo, pero no saben el daño que le hace a la Argentina, o el beneficio que podría darle."

Atendió a ricos y famosos, gente poderosa con la cual le fue muy fácil por su personalidad entablar vínculos, aún sin saber quiénes eran o qué hacían. La peluquería para muchos es ese lugar donde se cuentan secretos de uno y de otras personas, suponiendo que todo queda en ese instante en el que transcurre un corte de pelo. Como cuando supo de un amigo del entonces Presidente Carlos Menem: "Un dia le cortaba el pelo a un turco que pagaba 10 o 15 dólares el corte de pelo y me dejaba 100 de propina. Era un clientazo para mi. Cuando me independizo, le hablo al turco ese, que era amigo de Menem, de sus primos y tenia vínculos y relaciones... Un tiempo después, siento un estruendo acá en la Avenida 9 de Julio. Fue la explosión de la embajada de Israel. A los pocos días mirando los diarios veo al turco que le cortaba el pelo en las fotos... No lo podía creer. Era Monser Al Kassar, el mayor traficante de armas del mundo. Pero la tristeza mayor, como todo en este país, es que nunca hayan aparecido los culpables"

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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